Petroleo de Venezuela a Cuba: ¡No fue un regalo!

Iramis Rosique Cárdenas.- Hay mentiras que corren bastante. Sobre todo, si se trata de mentiras que convienen al poder, o si florecen en tiempos como estos al calor de una poderosa industria de la mentira. Desde enero de este año, pero sobre todo en los últimos días, hay una que se repite constantemente: la que acusa a Cuba de recibir petróleo regalado de manos de Venezuela durante las últimas dos décadas. Esta reactivación discursiva coincide con el reciente esquema de licencias y el nuevo acuerdo petrolero entre la Caracas de Delcy Rodríguez y el Washington de Donald Trump. El contraste resulta útil para cierta propaganda mediática: mientras la potencia norteamericana negocia el acceso al crudo venezolano, la isla caribeña aparece retratada como un parásito insaciable del Estado sudamericano. 

Es un viejo argumento. También se utilizó para caracterizar otras relaciones económicas de Cuba con países latinoamericanos y, antes de eso, para describir de manera simplista sus vínculos comerciales con los países socialistas. 

En cuanto al caso venezolano, la idea de "regalo" ignora la naturaleza del vínculo bilateral establecido a comienzos de siglo. Hugo Chávez y Fidel Castro suscribieron el Convenio Integral de Cooperación en el año 2000, en un contexto de profunda reorganización geopolítica regional. El acuerdo estableció un marco de cooperación económica que incluía el suministro de petróleo venezolano y la prestación de servicios y asistencia técnica cubanos. No se trataba, por tanto, de una transferencia unilateral de activos sin obligaciones para la parte receptora. 

El convenio estableció inicialmente un suministro de hasta 53 mil barriles diarios de petróleo y derivados. El documento contemplaba mecanismos específicos de financiamiento para las operaciones, incluidos plazos prolongados, períodos de gracia y una tasa de interés preferencial del dos por ciento. El precio de los hidrocarburos se vinculaba a referencias del mercado internacional. Por ello, describir el mecanismo simplemente como "petróleo regalado" borra precisamente aquellos elementos contractuales que permitían entender cómo funcionaba la relación. 

Esto no significa, sin embargo, que se tratara de una compraventa convencional en condiciones estrictamente comerciales. El suministro venezolano incorporó condiciones financieras preferenciales y, con el desarrollo de la cooperación bilateral, un importante componente de subsidio energético. La relación económica entre ambos países fue mucho más compleja que una simple operación de compraventa: combinó petróleo, crédito, inversión, cooperación estatal y exportación de servicios profesionales cubanos. 

La dimensión de los servicios fue especialmente importante. Cuba proporcionó a Venezuela médicos, personal sanitario, especialistas y asistencia técnica dentro de programas sociales impulsados por el gobierno de Hugo Chávez. El caso de Barrio Adentro constituye probablemente el ejemplo más conocido de aquella cooperación. El intercambio entre ambos países debe entenderse, por tanto, dentro de una arquitectura económica más amplia, en la que los flujos energéticos formaban parte de un conjunto de relaciones bilaterales y no de una sucesión de donaciones unilaterales. Solo quienes consideren que la atención médica, la educación, la formación deportiva o la cultura no valen nada por el hecho de no estar cotizadas en el mercado mundial al estilo del petróleo, las tierras raras o el diamante, pueden deliberadamente decir que solo Venezuela aportaba algo en esa relación. 

Por otro lado, al contrario de la prestación de servicios cubanos, el volumen de los envíos petroleros estuvo lejos de permanecer constante. Durante los años de mayor intensidad de la cooperación energética, Venezuela llegó a enviar a Cuba más de 100 mil barriles diarios de crudo y productos petroleros. La magnitud de estos flujos convirtió a Venezuela en el principal proveedor energético de la isla y creó una elevada dependencia de la capacidad productiva venezolana ciertamente. La cooperación energética estuvo acompañada además por proyectos de infraestructura. Entre ellos destacó la rehabilitación de la refinería de Cienfuegos, desarrollada mediante una empresa mixta cubano-venezolana. El proyecto formó parte de la expansión de los vínculos energéticos entre ambos Estados y de la estrategia de integración económica impulsada durante aquellos años. 

Sin embargo, la crisis venezolana modificó radicalmente este escenario. El desplome de la producción petrolera venezolana redujo progresivamente la capacidad de Caracas para sostener los volúmenes de suministro que habían caracterizado la década anterior. A partir de una fecha tan temprana como 2012 los envíos hacia Cuba comenzaron a disminuir, y hacia finales de esa década la isla tuvo que enfrentar una creciente vulnerabilidad energética. 

Los datos recientes muestran con claridad que en los últimos años esto se aceleró. Según estimaciones basadas en movimientos de buques y documentos de PDVSA, Venezuela envió a Cuba unos 56 mil barriles diarios en 2023. En 2024, el promedio descendió a aproximadamente 32 mil barriles diarios. Durante determinados meses posteriores se registraron niveles todavía menores, llegando en algún momento a unos ocho mil barriles diarios. 

La transformación de Venezuela también modificó las condiciones económicas de la relación. La crisis de PDVSA y la necesidad de obtener ingresos líquidos llevaron a Caracas a orientar una proporción creciente de sus exportaciones hacia mercados capaces de generar divisas. China adquirió una importancia particularmente grande dentro de esta estrategia. En ese contexto, mantener los antiguos esquemas preferenciales de suministro a Cuba se volvió materialmente más difícil. 

El nuevo escenario energético venezolano se desarrolla ahora bajo una relación cada vez más estrecha con Washington. El acuerdo petrolero anunciado en 2026 entre el gobierno venezolano y Estados Unidos contempla inversiones, explotación de campos y una reestructuración de la relación energética bilateral. Al mismo tiempo, la política estadounidense hacia Cuba ha buscado restringir el suministro de petróleo venezolano a la isla. El discurso del gobierno yanqui al respecto usa precisamente de coartada la trama del regalo petrolero. Trump a inicios de año insistía en que Cuba vivía de Venezuela y que ahora ya no podría seguir viviendo. Marco Rubio, artífice principal de la política de máxima presión sobre Cuba responde a cada cuestionamiento al bloqueo petrolero con la mentira de que no existe bloqueo petrolero alguno, sino que todo se trata de que Cuba solo consumía petróleo gratuito venezolano y ahora eso se había terminado. 

Decir que Venezuela "regaló petróleo a Cuba durante veinte años" es parte de un andamiaje discursivo orientado a validar el estado de sitio impuesto a la isla. Un andamiaje que caracteriza por su mendacidad. En la relación entre Cuba y Venezuela hubo petróleo suministrado en condiciones preferenciales, hubo financiamiento concesional y hubo un componente importante de subsidio. Pero también existieron contratos, obligaciones financieras, cooperación económica, servicios profesionales, inversiones y mecanismos de intercambio entre dos Estados soberanos que buscaban un horizonte alternativo de desarrollo, y que durante un tiempo lo lograron. 

Que aquel modelo haya terminado profundizando —o al menos reproduciendo— esa vulnerabilidad estructural de la economía cubana que es la dependencia de la importación de combustibles fósiles, es otra cuestión. La crisis de producción de PDVSA demostró los límites materiales de esa dependencia y contribuyó a la crisis energética y económica posterior de Cuba. Pero el fracaso o agotamiento de un modelo de integración no transforma retrospectivamente sus operaciones en "regalos". Tal ajuste de cuentas no es otra cosa que oportunismo. 

Bloqueo contra Cuba: un genocidio silencioso, afirma canciller

 “Detrás de cada cifra hay un rostro humano”

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, afirmó hoy que el bloqueo de Estados Unidos contra su país, que incluye un férreo cerco energético, constituye un genocidio silencioso contra la población de la isla.

Al presentar a la prensa nacional y extranjera acreditada en La Habana el informe sobre los daños de esa política -que calificó de criminal- Rodríguez señaló que ésta responde a un plan fríamente calculado de castigo colectivo, con el avieso propósito de doblegar a la Revolución cubana.

Detalló que al bloqueo energético se suma la persecución a navieras que transporten suministros esenciales a la isla, y señaló como ejemplo los más de siete mil contenedores embargados en el exterior, con alimentos, medicamentos y equipos e insumos hospitalarios, fundamentalmente.

Apuntó que ante los esfuerzos de la nación caribeña de transformar su matriz energética, Washington persigue la importación a Cuba de sistemas fotovoltaicos destinados a dotar de ese beneficio a centros hospitalarios y servicios básicos.

Los datos muestran –dijo- un aumento de la mortalidad infantil de cuatro por cada mil nacidos vivos en 2018 a 9,9 en 2025.

Son niños, no son números; son muertes que no debieran ocurrir por privarse a Cuba de su sólido y eficaz sistema de salud pública, aseguró.

Afirmó Rodríguez que la crueldad del castigo colectivo se expresa también en los miles de cubanos que luchan a diario sin transporte público para llegar al trabajo porque el parque automotor está prácticamente paralizado sin combustible.

Es el mismo sentimiento despiadado y espíritu destructivo detrás del genocidio que se comete en Gaza. En Cuba es silencioso, sin bombas, pero también mata, afirmó.

Expresó, asimismo, que existe en el mundo un reconocimiento y conciencia crecientes sobre el abuso, y crece el reclamo de su cese inmediato, lo cual se expresará el próximo 27 y 28 de octubre próximo, cuando la Asamblea General de ONU considere nuevamente el tema.

A pesar de la extraordinaria presión e intimidación del gobierno de los Estados Unidos, de su Departamento de Estado, de sus embajadas y misiones diplomáticas sobre los estados miembros, nuestro pueblo confía en el respaldo abrumador del planeta, remarcó.

Esta jornada Rodríguez presentó ante el cuerpo diplomático acreditado en La Habana y la prensa nacional y extranjera el informe que cifra los daños del cerco de Washington en ocho mil 83 millones 300 mil dólares a precios corrientes, entre el 1 de marzo de 2025 y el 28 de febrero de 2026.

Rubio, las sanciones de EE.UU. y su teoría de la Isla como estado fallido

Gustavo Veiga, Resumen Latinoamericano- Washington intensifica el bloqueo y financia la propaganda anticubana, justificando las medidas como un castigo al gobierno, pero perjudicando gravemente a la población.

Marco Rubio es el principal artífice del escarmiento a Cuba, aunque implique condenar a su pueblo al hambre y negarle los servicios básicos. En la guerra cognitiva y económica del régimen que preside Donald Trump, el secretario de Estado tiene sanciones que comunicar todas las semanas con un rictus de cinismo. Con esa política impide que lleguen a la isla los recursos de naciones dispuestas a ayudarla y, por otra ventanilla, entrega decenas de millones de dólares a la propaganda anticubana.

En los últimos días pregonó una batería de medidas contra empresas y tomó como blanco a un nieto de Raúl Castro. Pero además repitió la perorata del “estado fallido” y la obligatoriedad de adoptar la “democracia” como salida a la crisis generada por Estados Unidos en Cuba y sostenida hace más de seis décadas.

En una entrevista que le concedió a la cadena Fox News, la preferida del Movimiento MAGA (Make America Great Again), Rubio le dijo al periodista Brian Kilmeade el miércoles 2 que “Cuba es un estado fallido ahora mismo, y no es por nuestra culpa. La gente dice que es por nuestra culpa y no lo es”. Un viejo discurso que se encargaron de propagar los medios financiados por el gobierno de EE.UU. adentro y afuera de sus fronteras.

Un día después, el jueves 3, se conocieron las últimas sanciones que afectaron a compañías estatales de los sectores financiero, minero-metalúrgico y energético. Son el Banco Exterior de Cuba; la empresa de Servicios Comandante René Ramos Latour, que proporciona apoyo geológico y minero al sector cubano del níquel; CEXNI, importadora y exportadora para la industria del níquel y el cobalto; ABAPET, otra importadora de insumos para el sector energético; y Comercial CUPET, una sociedad mercantil que representa a la Unión Cuba-Petróleo.

En el mismo paquete de medidas coercitivas cayó Fidel Ernesto Castro Calis, un nieto de Raúl Castro Ruz de 31 años, el exjefe de Estado. Su padre es Alejandro Castro Espín, único hijo varón del líder revolucionario de 95 años y hermano menor de Fidel. Con esta medida, son tres generaciones de la misma familia las que quedaron alcanzadas por la Orden Ejecutiva 14.404 firmada por Trump el 1 de mayo de este año.

Rubio se jactó en un comunicado de que “estas designaciones reflejan la visión inquebrantable del presidente Trump de una Cuba libre”. El Departamento de Estado a su cargo volvió a reforzar su publicidad macartista como en las décadas del 40 y 50, cuando en Hollywood se perseguía a actores, directores y guionistas. Charles Chaplin, Orson Welles y Dalton Trumbo fueron colocados en las listas negras de la época. Hoy sería un fenómeno irrepetible en la industria del cine porque la mayoría de sus integrantes están en contra del magnate que gobierna. Pero Rubio ve comunistas por todos lados y, como es esperable, en Cuba.

El sábado último, el Departamento de Estado dio otra vuelta de tuerca al asunto en su cuenta oficial de Instagram. “El comunismo es la mayor amenaza para nuestro país”, sentenció el área que conduce Rubio. En un video donde se incluyeron imágenes de Fidel Castro, se escucha la voz en off de Trump. Es un fragmento de su discurso del 3 de julio frente al monumento del Monte Rushmore, en Dakota del Sur. Fue en la víspera del 250° aniversario de la independencia estadounidense. La idea fija de la extrema derecha es tan grande que abrieron el posteo con la imagen del máximo referente de la revolución cubana.

“El comunismo es una amenaza mortal para la libertad americana”, decía el presidente en el mensaje y “la mayor amenaza para nuestro país”, completaba. En aquella intervención que hizo revivir al senador Joseph McCarthy, el presidente situó al fantasma del comunismo incluso por encima de los episodios bélicos y ataques más traumáticos de la historia reciente de EE.UU.

Esta semana, para seguir con su retórica anticomunista, Rubio continuará la cruzada personal en el manejo y control de América Latina. Visitará Colombia, Ecuador y Perú, tres países gobernados por presidentes de extrema derecha y disciplinados a la política exterior de Washington.

En la entrevista que le concedió a Fox, el funcionario había señalado que Cuba “se coloque en un camino irreversible hacia convertirse en un Estado normal y funcional que, eventualmente, por supuesto, también sea democrático”. Una frase del manual básico de las injerencias.

A esta altura no sorprende que EE.UU le imponga a la isla su política de desgaste mediante la profundización del bloqueo. Es el país que aplica la mayor cantidad de sanciones económicas a otras naciones –y a Cuba en primer lugar– e intenta maquillarlas como saludables para los pueblos que las sufren y solo destinadas a los gobernantes. Por eso, al último comunicado sobre la isla lo tituló: “Nuevas sanciones contra las élites cubanas, sus canales financieros y su aparato de explotación de recursos”.

El Departamento de Estado agregó: “Mientras el pueblo cubano sufre, la familia Castro y sus allegados en el represivo Ministerio del Interior (MININT) de Cuba perpetúan su control absoluto sobre la economía de la isla, acaparando recursos en beneficio de un pequeño grupo de élites del régimen”.

En el caso de Rubio, no funciona el verosímil cuando su área habla de “recursos” en Cuba. Donde sí abundan es en EE.UU. Alimentan la usina de propaganda contra el gobierno socialista que preside Miguel Díaz-Canel.

Los fondos públicos anuales superan los 50 millones de dólares y provienen del Senado y la Cámara de Representantes para acciones de la sociedad civil y manipulación mediática en la isla. La historia lo demuestra con el papel de la USAID, el grifo de dinero siempre disponible para desgastar a Cuba en operaciones de transmisiones y plataformas digitales con fondos públicos manejados por la CIA y el aparato militar.

Estados Unidos tampoco toma en cuenta el daño que causa a los niños con la profundización del bloqueo. La tasa de mortalidad infantil subió un 148% entre 2018 y 2025, pasando del 4,0 al 9,9 por cada 1.000 nacidos vivos. El acoso contra Cuba no empezó con Trump. Viene desde cuando gobernaba John F. Kennedy, siguió con todos los presidentes que lo sucedieron y la isla considera que sus pérdidas económicas acumuladas por estas políticas superan los 170.677 millones de dólares. La agresiva gestión de Rubio en su política exterior es solo otro capítulo. “Un genocidio en curso” según el gobierno cubano.

Video: Cuba hunde carrera política de Marco Rubio

 

Rastreo de personas, la red universitaria de EE.UU. al servicio de Israel

Robots inspirados en cucarachas, sistemas para mapear "redes terroristas" y algoritmos de guiado de misiles figuran entre al menos 70 proyectos realizados por universidades estadounidenses para el Ministerio de Defensa de Israel, según una investigación publicada por el Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable. Más de 1.000 páginas de documentos internos revelan una red de colaboración que involucra a unas 30 instituciones académicas desde al menos 2009.RT IA

Entre los proyectos se encuentran el desarrollo de robots cucaracha y de pilas de combustible para una red distribuida de sensores, adaptada a las condiciones de una frontera israelí y destinada a detectar posibles "actividades terroristas".

Otras investigaciones estudiaron el uso de inteligencia artificial para describir y clasificar personas y objetos en videos, además de analizar datos de localización celular para rastrear los movimientos de población en Israel y los territorios palestinos ocupados.

Dinero estadounidense y escasa supervisión

Estos proyectos se adquieren como "artículos y servicios de defensa" y se pagan con fondos de los contribuyentes estadounidenses a través del programa de Financiación Militar Extranjera, el mismo mecanismo que Israel utiliza para comprar cazas F-35 y otros productos militares de EE.UU. Las investigaciones son contratadas por la oficina de adquisiciones del Ministerio de Defensa israelí en territorio estadounidense, que gasta alrededor de 3.300 millones de dólares anuales de ayuda de Washington en bienes y servicios de defensa.

Como solo los contratos comerciales directos con Israel superiores a 100 millones de dólares deben notificarse al Congreso, el programa carece de información pública detallada y de una supervisión legislativa exhaustiva. El Ministerio de Defensa israelí declinó hacer comentarios.

Más allá de las universidades

Recientemente, en un nuevo informe, el Instituto Judío para la Seguridad Nacional de Estados Unidos (JINSA) propuso integrar tecnologías israelíes en el sistema de defensa estadounidense, firmar un pacto de defensa mutua y trasladar tropas de EE.UU. desde sus bases en el golfo Pérsico a una base en Israel.

Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar del centro analítico Defense Priorities, calificó estas propuestas como una "amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.". A su juicio, las medidas harían que el país fuera "menos seguro de lo que es hoy", al institucionalizar su implicación militar con Israel, aumentar su dependencia de este aliado y elevar el riesgo de futuras guerras.